En un profundo valle, más profundo que su propio suelo, más profundo que las raíces de los árboles que allí moraban y tan profundo como su pena.
Profundo y lóbrego; recóndito y olvidado, por lo tanto perdido.
Tan profundo que la luz sólo llegaba a azulear la espesa niebla que lo inundaba.
Profundo y frío, con olor a ropa húmeda y pies helados.
Denso y verde oscuro, sin sonido.
Era en su suelo de barro y hongos donde se encontraban sus ganas de hacer cosas, reblandecidas por la humedad y el frío, desmenuzadas. Allí yacían desde que estaba solo y sin ella; y en ese mismo valle él habría vivido para siempre si ella no hubiera muerto.
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2 comentarios:
Un poco triste.
Me gusta mucho!!
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